El Doctor Extraño y las pastillas antimareo

On 31 octubre, 2016 by Alfredo

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El viernes acudió la legión del espacio en pleno para ver el estreno de Doctor Extraño, la última de las adaptaciones de la Marvel.

Nos encontramos, como es normal, en la típica historia de orígenes del personaje, algo necesario, pero que acaba por ser un montón de clichés que se repiten una y otra vez en las películas de este estilo. Y es que, seamos serios, los años 60 y 70 eran muy divertidos y muy pulp en el mundo de los cómics, pero no eran la repanocha a la hora de pensar de dónde salían los personajes.

Lo bueno de Doctor Extraño es que los actores están bastante bien y duele menos toda esa caída, viaje iniciático, aceptación de las limitaciones, crecimiento personal y superación que, para que nos vamos a engañar, ya nos contaron en Iron Man.

Pero bueno, uno no entra caminando como si nada en Mordor, ya sabíamos todos a lo que íbamos y no nos vamos a quejar. Lo cierto es que nos lo pasamos bastante bien viendo a Extraño con el ojo de Agamotto y la capa de levitación poniendo las manos en posiciones raras. Nos ha faltado algo más de Vishanti y de Cintas rojas de Cittorak, pero es de suponer que aparecerán en próximas entregas.

Eso sí, hay que dejar claro que es una peli mareante. El juego de remodelar la realidad a base de fractales, parecido en ciertos momentos a Inception y en otros a los vídeos más raros de Daft Punk, es un subidón que por un lado está muy bien, pero que a veces no te deja ver lo que está pasando. ¡Señores directores de cine, si la cámara se mueve un poco más despacio no pasa nada! Eso sí, en 3D es la releche. Si has llevado pastillas para el mareo, claro.

En resumen, es una de las entretenidas de Marvel, si es que te interesa el personaje. Es menos juvenil que Vengadores y presenta todo lo que tiene que ser el ambiente mágico de su universo.

¡Ah! Lo que más nos gustó a los legionarios fue la primera escena postcréditos -hay dos- y el genial uso de la magia del que hace gala. ¡Cerveza inagotable! Fantástico.

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